Editorial

 

 
 


bísmil-lâhi r-rahmâni r-rahîm

As salamu aleykum, 

Trabajar en el Qur’án implica abrirse a la Palabra en su faceta creadora, para que sea ella quien nos diga, quien determine nuestro modo de estar en el mundo. Es entregarse a una fuerza que nos sobrepasa, abrir nuestro corazón a posibilidades insospechadas de sentido. Es también ponernos en conexión con el más noble de los mensajeros, nuestro amado Sidna Muhámmad, que la paz de Al-lâh y Su salat sean siempre sobre él. Re-memorar el instante de fulguración de la Palabra, el instante preciso de su tayalli sobre el Libro. No son estas palabras vanas, sino nacidas de la experiencia de la recitación y el abandono de toda resistencia.

Aceptar la llamada del Qur’án es aceptar que nuestra vida tiene un sentido, que hemos sido creados por Al-lâh con un propósito trascendente, que no somos meros consumidores-productores. No somos individuos soberanos en nuestro compartimiento-estanco, sino que nuestra vida está enlazada a todo, tiene que ver con la propia formación milenaria de la tierra. El Qur’án es la fortaleza de la Ummah, el verdadero referente para la unión de los creyentes, cuyo sentido más profundo permanece junto a Al-lâh, “en una tabla resguardada” (sura 85; 21-22). 

La inmensidad del Qur’án es un milagro al cual el musulmán se entrega con suma reverencia, con una actitud de máxima atención a sus mínimos matices, hasta el punto en que debemos reconocer nuestra ignorancia. No es posible acercarse al Qur’án sin una extrema delicadeza, sin ese ‘adab tan necesario en todo lo que tenga que ver con el Dîn del Islam. Al-lâh es al-Yâmi’, Ql que reúne: debemos pedirle que nos reúna en Su Palabra, que nos ayude a formar una comunidad en torno a los principios inmutables que ha revelado al hombre. Lo que nos Él nos exige es verdadera sinceridad (ijlâs), pureza de intención (niyya), la humildad (tawâdu’) y el temor (hawf), en nuestra entrega confiada (tawakul).

De cualquier otro modo el Qur’án permanecerá velado, será un mero conjunto de palabras dispuestas arbitrariamente. El kufûr, lo sabemos, no puede penetrar el Libro, la cerrazón de su corazón le hace refractario a una Palabra que sólo puede penetrar en el corazón del hombre sometido. Por ello es necesario que no olvidemos esto: no somos nosotros quienes damos sentido al Libro a través de nuestras interpretaciones subjetivas, sino que es el Libro quien nos da sentido a través de la sumisión a Su Mandato. Es aquí donde cobran plena vigencia las advertencias de Muhámmad recogidas por el Iman al-Gazzâli. “No está abierto al Qur’án quien declare lícito lo que el Qur’án prohíbe”.

Éste número de Verde islam quiere recordar la invitación que Al-lâh mismo nos ha hecho a penetrar Sus signos, desde Al-lâh y por Al-lâh, sin intermediarios. Leer, recitar, meditar, memorizar. Dejar pasar los signos a través de la garganta, hasta el estallido sereno en nuestro paladar, saborear el poder creador de la Palabra en la meditación y en la creencia. Esas son posibilidades que nos llenan el corazón de expectativas, que nos llenan de asombro ante la Majestad y la Belleza de una Creación constantemente renovada.

Aparte de eso —si es que existe un aparte—, debemos señalar el inicio de una nueva sección dedicada a las jutbas de los conversos, ofrecidas por Hashim Ibrahim Cabrera en la pequeña comunidad de Medinat sabora. Las dos jutbas que presentamos tratan sobre la ámana que Al-lâh ha depositado en cada uno de sus siervos. En los próximos números de verde islam, in sha Al-lâh, ofreceremos las jutbas de Hashim sobre los diferentes maqams o grados espirituales de los distintos Profetas, que la paz sea con ellos.

En la sección de Fiqh, una joya de simplicidad y buen entendimiento, más valioso si cabe por tratarse del Yihâd, tan falseado en nuestro tiempo. Es hora de que los musulmanes comprendamos que no podemos combatir por el Islam si no es manteniéndose estrictamente fieles a las normas trazadas por Al-lâh el Altísimo, y Su Profeta, que la paz sea sobre él. Si nos acercamos a la actitud de Sidna Muhámmad ante la guerra, no podemos sino expresar nuestra admiración. ¡Que poco pueden comprender los hombres una actitud tan noble! Todos aquellos que se dicen en combate por el Islam deben tener en cuenta los límites que la tradición les ha trazado. En caso de no cumplir con lo que Al-lâh les ha prescrito, deben admitir que en realidad están combatiendo por otra cosa que el islam.

En “el Islam descristianizado”, volvemos a encontrarnos con la palabra cortante de Ali González. Después de leer este breve texto los arabistas se lo pensarán antes de seguir traduciendo el Nombre de Al-lâh al-Quddus como “el santo”, o ar-rûh al-quds como El Espíritu Santo.

Hemos incluido, por primera vez publicados en papel, los primeros cincuenta “maestros desconcertantes”, esas pequeñas anécdotas que muestran que el Islam entre nosotros no es una cosa muerta, sino todo lo contrario. En el carácter vital y esa entrega ingenua de los desconcertantes vemos un signo de lo que ha de fructificar entre nosotros, a pesar de los supuestos errores de novicio, de la radicalidad de unos creyentes para los cuales el corazón es el señor de la creencia.

Algunos de los que aparecen en esas anécdotas protagonizaron una noticia de la cual queremos dejar constancia. El 3 de mayo del año 2002 en Córdoba, participantes del 3er Congreso de la Mujer Musulmana realizaron una salat colectiva en la Mezquita Aljama de Córdoba, a pesar de la prohibición del cabildo catedralicio. Para alguno de los asistentes se trata de la noticia más importante acaecida en el Islam andalusí de los últimos años, una noticia cuyo sentido se ha de materializar con el tiempo, si Al-lâh quiere. Para los que no comprendan nuestras palabras, y solo quieran ver la acción de unos exaltados, les recordamos la palabra poética de Jalal ad-Dîn Rumi, en su Fihi-ma-Fihi:

Sólo Al-lâh conoce la utilidad total de cada acción y sabe que frutos han de partir de ella. Tú realizas la salat con la intención de recibir tú recompensa en el más allá, y de adquirir por medio de ella una buena reputación y seguridad en este mundo; no obstante, la salat puede procurar cien mil beneficios que ni siquiera has imaginado. A-lâh conoce esos beneficios y es Él quien hace realizar esa acción a la criatura.

Así es, y así ha sido escrito con respecto a la salat del día 3 de mayo en la Aljama cordobesa, pero Al-lâh sabe más.

 

 

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Revista Verde Islam. Número 18. Año 6. 2002
    Publicación digital del Centro de Documentación y Publicaciones de Junta Islámica