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El Tasawwuf es el resultado de la acción correcta y el fruto de los estados
espirituales más puros. Dice el hadiz::
“Quién actúe de acuerdo a lo que sabe es recompensado por Allah con un
conocimiento que aún ignora”
Min ‘alämati l-itimädi ‘alà l-ámalNuqsänu r-raÿäi ‘inda wuyudi-çálal.
Signo de que se depende de la acción es la disminución de la esperanza cuando
tiene lugar un error.
La acción es todo movimiento del cuerpo ó del
corazón, es decir: es todo cambio, tanto interior como exterior.
Cuando esa acción o ‘ámal es conforme a la Ley
Revelada (Sharï’a), es llamada tä’a, y cuando es contraria a la Sharï’a, se la
llama má’sia.
El ‘ámal o acción tiene tres ámbitos:
—Existe un ‘ámal exterior que es toda acción física. Es el ámbito gobernado por
la Sharï’a.
—Existe un ‘ámal interior que consiste en orientar el corazón hacia Allah con
absoluto desapego. Es una acción regida por la Tarïqa o Método.
—Existe un ‘ámal esencial que se desarrolla ante Allah y que es la Contemplación
(Shuhud). Su ámbito es la Verdad o Haqïqa.
Para que lo comprendas mejor, puede ser dicho de este otro modo:
—‘Amal al-‘Ibada, que consiste en la sujeción estricta a las enseñanzas del
Islam, cumpliéndolas con perfección y respetando estrictamente todas sus
formalidades. Es el ámbito de las prácticas que debe realizar todo musulmán.
—‘Amal al-’Ubudiya, o acción por la que el ser humano se sujeta internamente a
su Señor convirtiéndose en lo que es, en Nada en manos de Allah.
—‘Amal al-’Ubüda o acción propia de la libertad que resulta del agigantamiento
de tu naturaleza en Allah. En esta fase tu percepción es absoluta.
Lo mismo también puede ser dicho de esta manera:
—‘Amal al-Islam, la acción en el seno del Islam, es decir, ajustándose
rigurosamente a sus enseñanzas haciendo de la Sharï’a un modelo. Significa que
se abandona la volubilidad y la ilusión orientando todo el esfuerzo hacia la
realización del ánimo en la sinceridad para con Allah.
—‘Amal al-Imän, o acción de la apertura con la que se está exclusivamente
pendiente de Allah.
—‘Amal al-Ihsan, o acción de la excelencia, con la cual se está en presencia de
Allah.
También puede ser dicho así:
—‘Amal Ahl al-Bidaya o acción de la Gente del Principio, que es la acción de
todos los musulmanes.
—‘Amal Ahl al-Wásat, la acción de la Gente del Centro, que son los que han
emprendido el camino del desapego.
—‘Amal Ahl an-Nihaya, o acción de la Gente del Final, que son aquellos que han
llegado al término de su viaje espiritual.
En resumen:
Con la Sharï’a lo distingues.
Con la Tariqa lo enfocas.
Con la Haqiqa lo contemplas.
¿Para qué sirve el cumplimiento de todo lo que estipula la Sharï’a? Sirve
para corregir tu mundo exterior (sus apariencias o Dawáhir), es decir, la Sharï’a
hace correctas todas tus intervenciones en el mundo, depurando tu acción de todo
lo censurable. La Sharï’a prepara tu mundo para Allah.
¿Para qué sirve el seguimiento de la Tariqa? El seguimiento de la Tariqa sirve
para corregir tu mundo interior (depura tu conciencia y sus movimientos, los
Damäir) de modo que tu intimidad es iluminada por la luz de Allah preparando tu
corazón para el encuentro con el Uno.
¿Para que sirve la observación de la Haqiqa? Sirve
para corregir las tendencias del espíritu (orientando tus secretos, o Saräir,
hacia Allah-Uno). Es decir, prepara lo más íntimo de ti para Allah.
Hemos dicho:
La sabiduría es el resultado de la acción correcta y el fruto de los estados
interiores más puros. Todo tu ser, y no sólo una parcela de ti, debe estar
despejado para la irrupción de la Verdad.
Fundamentos de la correción de los aspectos físicos (ÿawarih)
—Tawba u orientación sincera hacia Allah, de modo que todo tu ser se vuelva
hacia Él dejando atrás cuanto no sea Él.
—Taqwa o prudencia ante Allah, de modo que siempre se estará alerta,
distinguiéndolo con claridad de todo lo que no es Allah y así el Camino hacia Él
estará siempre depurado.
—Istiqama o rectitud. La rectitud en todo es el sendero más corto hacia la
Verdad.
Fundamentos de la correción de los corazones
—Ijlás o liberación. La voluntad no debe ser guiada por otra cosa que no sea el
anhelo por Allah.
—Sidq o sinceridad. Nada debe interponerse entre Allah y tú.
—Túmanina o calma. Tu corazón debe relajarse ante Allah: la crispación o los
reparos son tus enemigos ante Allah.
Fundamentos de la correción de los mundos interiores (sarair)
—Muraqaba o vigilancia. Deberás vigilarte constantemente, evitando las
negligencias o los desánimos y modelando tu ánimo en el temple del acero.
—Mushahada o contemplación. Estará tu espíritu en Presencia constante de Allah.
—Má’arifa o conocimiento superior. La sabiduría se apoderará de ti.
Todo lo anterior puedes resumirlo de modo más práctico:
—Se corrige el mundo exterior apartándose de todo lo que desaconseja el Islam y
adoptando todo lo que enseña. Se corrige el mundo interior deshaciéndose de las
cualidades innobles (Tájlia) y revistiéndose con las cualidades de la nobleza (Táhlia).
—Se corrige al espíritu rompiéndolo ante Allah. Éste es el Elixir (Iksir)
Con todo lo anterior estamos hablando de la acción que debe realizar el sufi en
su orientación hacia Allah. Su camino en ese sentido es el de la depuración de
los miembros físicos (yawarih), del corazón y el espíritu. Los conocimientos
superiores brotan entonces desde su Fuente original pues el Yo se ha preparado
para recibirlos sin limitaciones.
Ahora bien, debe recordarse siempre que no es correcto dar pasos en falso ni
precipitarse.
—Primero, es necesario corregir lo más fácil que es el mundo exterior. No se
debe acceder al segundo estadio hasta que no se haya realizado el Islam en todo
lo que significa ésta palabra: incondicional rendición a Allah en todo.
—Segundo, es necesario, una vez que el mundo exterior está en calma, asomarse al
mundo del corazón, modelándolo para Allah y persiguiendo darle la forma más
bella y perfecta. No se debe pretender el último grado antes de haber realizado
todas las condiciones que exige la plenitud del corazón, deshaciendo su
agitación y sosegándolo.
—Tercero, y en último lugar, se pasa entonces a la Presencia directa de Allah.
Ha sido dicho: “Quien es resplandeciente en sus principios es resplandeciente en
sus finales”. Este es el orden justo.
En todos sus pasos seguirá el ejemplo irreprochable
del Profeta. Se trata de la Mutaba’a o seguimiento riguroso del Maestro Ideal (Rasulullah
o Nabíullah, el Mensajero) del que el maestro humano (shaij) sólo es una sombra.
La Mutaba’a es el signo más claro de sinceridad y encaminamiento correcto pues
implica que se ha dejado atrás al peor de los enemigos, el Nafs o ego, que sólo
pretende amoldar la Verdad a sus gustos e inclinaciones.
En sus palabras, actos y estados espirituales el sufi
sigue el ejemplo de Rasulullah Sidna Muhámmad, sálla llahu ‘alaihi wa sállam.
Ese es su Camino despejado. El Corán y la Sunna serán sus guías en todo.
Cuando tu cuerpo sea el de un musulmán y tu corazón
el de un sufi, sólo entonces pasarás a la plenitud del sabio (‘arif) que recoge
su grandeza del Inmensamente Grande, el Dador de Vida. Sólo entonces tanto tu
cuerpo como tu corazón resplandecerán con la Luz del que está en lo más
profundo, Aquél que a la vez es el Evidente, pues nada existe sin ser sostenido
inmediatamente por Él.
Allah es la Verdad, y no hay otra Verdad. En
realidad, con cada una de sus acciones el aspirante pretende aprender a
reconocer la Verdad tal como se le muestre, pues ha sido defraudado por las
apariencias. Sabe que él mismo es el generador de las apariencias: sus miedos y
sus ilusiones han creado velos que esconden al Verdadero, y quiere descorrer
esos velos. Se ha estado entregando a ídolos que lo han defraudado y ahora se ha
convertido en pescador de perlas. Para ello debe sumergirse en el óceano que no
tiene fondo, el océano de la Verdad Creadora.
Lo hace movido por muchas cosas: por un amor
ardiente, por una inclinación natural, por la necesidad de saber, por certezas
primitivas en él. Quiere deshacerse de todo lo que le estorba. Y lo que le
estorba son los Awsaf al-Basharía, las Cualidades Superficiales, las que lo han
aislado, y ganar para sí la inmensidad de los Awsaf ar-Ruhanía, las Cualidades
del Ruh, la profundidad de su Ser. Es decir, desea hacer emerger lo que es más
hondo en él para que adorne su existencia exterior.
La condición sin la cual no es posible nada de lo
anterior es el Adab.
El Adab es la cortesía. Sólo la cortesía ante Allah (manifiesta antes en la
cortesía hacia todo lo que existe) es la llave que abre su Puerta. Del mismo
modo que no se accede al corazón de otro ser humano más que a través de la
cortesía (las malas formas hacen que se cierre), por analogía debemos saber que
esa es también la clave para llegar a Allah. A semejanza del amante, sólo la
espera respetuosa a las puertas del Amado conduce hasta su Presencia. He aquí
que el sufi aprende de sus experiencias el camino por el que llegar a la meta de
su aspiración. Su Adab es la reducción de todo a Allah.
Volviendo al tema, diremos:
—El Islam obliga a la acción. El Islam es acción. Quién reconoce la esencia del
Islam no dejará jamás de actuar.
—El Iman, la apertura del corazón hacia Allah, es contemplación. Quien comprenda
lo que significa esencialmente el Iman no dependerá en ningún momento de sus
acciones, pues sabe que en el fondo todo es realizado por Allah.
—El Ihsan, la excelencia, es estar en contínua presencia de Allah. Quien
comprende lo que significa en su esencia el Ihsan no podrá prestar su atención a
nada que no sea Allah-Uno.
El aspirante (murid) no deberá apoyarse en su Nafs o
Ego a lo largo de su Peregrinación espiritual (suluk). Las acciones sirven para
doblegar al Nafs, pero el Nafs puede acabar complaciéndose en ellas. Sólo si
desvía su atención constantemente hacia Allah, sus acciones serán efectivas. El
murid, en todo momento, deberá saber que “No hay fuerza ni poder más que en
Allah”, tal como enseña el Corán. Por tanto , sus acciones deberán ir dirigidas
a perfeccionar su mundo, y jamás deberá convertirlas en metas en sí mismas, pues
entonces lo único que está haciendo es crear un nuevo ídolo.
Se aprende a no depender de las propias acciones cuando se recuerda
constantemente que “No hay fuerza ni poder más que en Allah”. Es decir, si hace
algo correcto, será agradecido (no se mostrará arrogante) y si hace algo mal no
se desesperará, pues sabe que, en cualquier caso, todo está en manos de Allah, y
Él es su meta. Ni tan siquiera es su meta su propia perfección. Su única meta es
Allah. Y Allah es el que genera todos los movimientos, es el origen de todas las
acciones.
El murid deberá descansar contínuamente en Allah. Es
de Allah de quién deberá aprender a depender, y no de sus acciones. El Corán
dice: “Allah hace lo que quiere. Es Él el que escoge. La elección no pertenece,
en realidad, al ser humano”. Allah es la Verdad, Él es el Verdadero. Todo lo
demás no son sino apariencias. Las Palabras sabias del Corán sirven para
descorrer los velos. Hay en el Destino consuelo, pero no hay en él
justificaciones: el Islam exige el esfuerzo.
Pero el esfuerzo se torna fácil cuando lo que guía la
conciencia es la certeza de que todo está en manos de Allah. Esta certeza libra
al hombre del sufrimiento inútil, lo libra de su propio carácter insuficiente,
de su desesperación, permitiéndole volver a alzarse. Es como si el Corán, con
una de cal y otra de arena, no pretendiese otra cosa que motivar al ser humano:
le exige la acción, pero le dice que es Allah el motor verdadero de todas las
acciones.
Si fracasa no es su culpa, si tiene éxito no debe
vanagloriarse. Debe fijarse simplemente una meta clara que sólo puede ser la
Verdad y poner en ella toda su aspiración.
Creer en las propias facultades es dar fuerzas al
Nafs, al Ego destructor. Es signo de desgracia y miseria. Significa que no se
recuerda una certeza esencial: se ha olvidado que todo está condenado a
desaparecer.
Del mismo modo, confiar en los prodigios y carismas
que el desapego hará aparecer es signo de que no se ha acompañado a verdaderos
maestros.
Confiarse sólo a Allah es signo de realización del verdadero conocimiento.
Signo de que se confía en Allah es que la esperanza (raya) no disminuye por
culpa de una insuficiencia en la acción. A la inversa, su esperanza no aumenta
por la apariencia perfecta de su acción.
Puedes decirlo de otro modo:
Su temor no es mayor cuando incurra en una negligencia. Tampoco su esperanza es
mayor porque esté en contínua vela (yaqada). Es decir, su temor y esperanza
están nivelados de modo perfecto. Su Jawf nace de la contemplación permanente de
la Majestad de Allah. Su Raya nace de la contemplación permanente de la belleza
de Allah.
Ni la Majestad ni la Belleza de Allah sufren cambio
alguno. Del mismo modo, el Jawf y el Raya del inteligente no sufren alteración
alguna.
Lo contrario sucede al que está atento en exceso a su acción. La dota de
efectividad, por lo tanto está erigiendo un ídolo. Está cometiendo Shirk,
asociación. Sólo Allah es efectivo. Se dice que está sumido en la ignorancia.
Quien doblega a su Nafs, descansa.
El Nafs, el ego, es causa de todas las tensiones. El conocimiento de Allah
libera de la presión del Nafs. Conocer a Allah es identificar al Verdadero.
Cuando el Verdadero es identificado, todo lo falso se disipa.
El aspirante o murid necesita un maestro que lo libere de las causas de todas
sus desesperaciones y angustias.
Shaij verdadero es el que te relaja, no el que te
agobia, Shaij verdadero es el que mata la serpiente que hay en ti.
Quien te recuerde constantemente al mundo inmediato (dunia)
te está engañando. Quién te sumerja en Allah, te está aconsejando bien.
Te guía hasta Allah el que te hace olvidar al Nafs.
En el Corán está escrito: “Recuerda a tu Señor cuando
olvides”, es decir recordarás a Allah cuando te olvides por un momento de tí
mismo.
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