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Assalamu aleikum, una vez más nos reunimos en torno a un puñado de palabras
escritas, que son la excusa que ponemos para mantenernos en contacto.
Cada nuevo número de Verde Islam
ha de traernos un secreto. Junto a la información se mezclan pensamientos, junto
a los hallazgos de expresión o de sentido el esfuerzo interior que los ha
transmutado en escritura. Cada uno de estos textos es el resultado de una
búsqueda y se dirige hacia otra búsqueda: la del lector que quiere abrirse a su
secreto. Es entonces cuando puede producirse el contacto, y algunas palabras se
hacen capaces de modificar nuestro modo de estar en el mundo. Ellas son
mensajeras, recipientes de las emociones más sinceras, capaces de traspasar el
tiempo y el espacio para modificar nuestra conciencia.
Los que vivimos en occidente nos
vemos enfrentados a diario con la tormenta de palabras e imágenes de los medios,
perfectamente calculadas, y que tan sólo sirven para justificar la violencia de
las instituciones. Ellos tratan de vaciar a todo de su contenido, de expulsar la
autenticidad de nuestras vidas mediante la arrogancia de un pensamiento único,
que sólo se enuncia a sí mismo y al poder que lo sustenta.
Queremos, frente a esa maquinaria,
renovar nuestra confianza en la capacidad de las palabras para realizar el
trayecto que las lleva, más allá de sí mismas, a señalar la fuente de todos los
lenguajes. Sólo una confianza renovada en la pureza de la Creación de Al-lâh
puede devolver el sentido a nuestra humanidad amenazada.
Ningún esfuerzo es vano en esta
dirección, ningún intento está de más para lograr el mínimo de luz precisa para
no claudicar ante los dogmas y doctrinas que el kufr nos inyecta desde todos los
púlpitos, desde las academias y la prensa. En un momento en que la enseñanza
oficial se ve completamente desarticulada como vía de conocimiento, no queda más
remedio que “buscarse la vida”, y es aquí donde una publicación como Verde Islam
cobra sentido: fuera de toda determinación ideológica, son sólo las palabras que
buscan el encuentro las que aquí quieren recogerse.
Si tuviéramos que escoger un tema
central del presente número, éste sería resumido en el título del articulo de
Abderrahmán Muhámmad Maanán: El Islam ante el futuro, un texto que va ganando en
actualidad con la marcha de los acontecimientos: “el Yihad se describe como la
tendencia a hacer mejor y más fructíferas las cosas.”
Roger Garaudy nos resalta el Islam
como el Dîn primigenio del hombre. Más allá de cualquier costumbre o
particularidad de un pueblo, es la sunna de Al-lâh la que hace que el Islam
permanezca idéntico a sí mismo allí donde se enraiza, desde Francia hasta
Indonesia.
Palabras ligeras pero
trascendentes son las del alemán Murad W. Hoffman, aquellas que jalonan su
llegada al Islam, en un lento proceso de desvelamiento unido a su quehacer de
diplomático en varios países de mayoría musulmana.
Es importante recordarlo: la
puerta del iytihâd no está cerrada. Seyyed az-Zahirí pone en relación uno de los
usul al-fiqh con el concepto islámico de la Creación, según el cual Al-lâh
renueva el mundo a cada instante. Realizar el máximo esfuerzo de reflexión en
torno a la Shar’îa es absolutamente imprescindible, si no queremos que ésta se
anquilose y se separe de su origen.
Cambiando de continente, así como
de estilo, Ali Núñez nos narra la historia de todos aquellos que descubren su
corazón como un abismo. Estamos contentos de dar la bienvenida a nuestro hermano
Ali a la revista.
A la experiencia del encuentro se refiere, de un modo muy distinto, Hashim
Ibrahim Cabrera en su texto Sexualidad y Espiritualidad. La sexualidad aparece
como lugar privilegiado donde extinción y permanencia entrecruzan sus caminos.
No vamos a referirnos al resto de
los textos. Preferimos destacar el hecho de que muchas de éstas son palabras de
hombres nacidos y formados intelectualmente en Dar al Garb, pero que han sido
conducidos al Islam: Roger Garaudy, Seyyed az-Zahirí, Murad Hoffman, Ali Núñez,
Ali González, Qamar Bint Sufan, Hashim Ibrahim Cabrera, Abdelkarim Osuna...
Hombres nacidos en Francia, en
Catalunya, en Alemania, en México, en Andalucía... Todos ellos tratan de avanzar
en el camino de Al-lâh con la conciencia de haber sido conducidos. Sus trabajos,
en su diversidad, son una muestra de que los musulmanes conversos no han cedido
a esa apatía del discurso oficial, y buscan renovarse en el deslumbramiento.
Debemos, para terminar, saludar la
llegada de la edición en castellano del Mensaje del Qur’an, según la versión
inglesa de Muhámmad Asad, un “nuevo moro converso de judío” —que diría nuestro
hermano Hashim— que se adentró en el desierto del lenguaje coránico con la plena
conciencia del valor de la palabra revelada, de las únicas palabras que pueden
alimentar nuestro discurso sin que este devenga en tautología.
Los musulmanes sabemos que todas
las palabras tiene su origen en Al-lâh subhana wa ta’ala. Por esa razón Su Libro
quiere tener siempre en la revista una presencia importante, y por ello el
próximo número de Verde Islam estará centrado, insha Al-lâh, en la lectura del
Qur’an al-Karim, esa fuente única de conocimiento que constituye un auténtico
Mensaje de vida para todas las naciones.
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