Bismil-lâhi ar-Rahmâni ar-Rahîm
Asalamu aleikum, hermano en el Islam.
En primer lugar es un honor dirigirnos a ti, y
decirte que apreciamos vuestra lucha por el Islam en Nigeria. La noticia del
triunfo electoral de los partidos islámicos fue recibida con alegría entre
nosotros. Pero el momento de las felicitaciones ha pasado, y ahora nos vemos
obligados a expresarte una diferencia de criterio. Te escribimos desde Madinat
Sabora, una pequeña comunidad de musulmanes que trabajamos en la actualización
de nuestra memoria histórica. Espero que el nombre de Al-Ándalus te haga
receptivo a nuestras inquietudes.
El motivo de esta carta es nuestro
rechazo a la decisión de lapidar a Sofiyah Husseini. Nosotros no somos quiénes
para decirte lo que debes hacer, ni siquiera somos ulemas ni expertos en
jurisprudencia, sino simples creyentes que se dirigen a ti —desde la convicción
que compartimos en la Misericordia del Altísimo— para darte una visión “externa”
de los acontecimientos. Tan sólo te pedimos que escuches el razonamiento de unas
gentes que ponen su corazón y su intelecto en la difusión del Islam en su
tierra, con el permiso de Al-lâh.
Debes saber que decisiones
judiciales como éstas están siendo utilizadas para divulgar una imagen terrible
de nuestro dîn, para negar su verdadero rostro. Dado que los medios de
comunicación escogen las imágenes que más convienen a sus intereses, es
comprensible que nuestros conciudadanos se hagan una imagen del Islam sesgada,
quedando velada su dimensión humana y trascendente. La mayoría de los
occidentales piensan que el Islam es cruel, y decisiones como la tuya son
difundidas a gran escala para confirmar esas sospechas. ¿Acaso no te das cuenta
de que le estás haciendo el juego al kufur, de que estás trabajando para
facilitarle su tarea de demonización de nuestro dîn? Con ello estás poniendo en
peligro todo un proyecto de comunidad rectamente guiada, y dificultando la tarea
de tus hermanos musulmanes en muchos lugares del planeta.
Y todo ello ¿por qué? Hemos
buscado día y noche en el Libro de Al-lâh el Altísimo, y no hemos encontrado ni
una coma que justifique la lapidación. Al-lâh no ha decretado en el Qur’án ese
castigo, sino que en caso de zina, como tú bien sabes, ha decretado el perdón si
hay arrepentimiento. Sin arrepentimiento el Qur’án habla de cien azotes, en
ningún caso de la lapidación.
Sabemos que ‘Umar Ibn al-Jattab
estableció este castigo años después de la muerte del Profeta —que la paz y la
salat de Al-lâh sean siempre con él—. Conocemos la tradición en la cual ‘Umar
nos habla de lo imperioso de conservar ese huddud (castigo límite). Sus motivos
tendría, pero esos motivos sin duda pertenecen a su tiempo. No quiero que
pienses que estoy hablando mal de ‘Umar Ibn al-Jattab, que Al-lâh esté
complacido con él. Él era un hombre honrado, de entre los mejores de los
musulmanes, pero sus decisiones de gobierno corresponden a un lugar y a un
momento determinado, no pueden extrapolarse sin caer en el anacronismo.
Muchos juristas posteriores se
dieron cuenta de que esa decisión no se correspondía en absoluto al mandato de
Al-lâh, pero lo aceptaron como un caso de Iytihâd, producto de una reflexión
jurídica concreta, tomada en un tiempo en el cual el Islam iniciaba su expansión
vertiginosa. Dándose cuanta de lo extremo del castigo, y una vez que la
comunidad islámica se asentó solidamente, los alfaquíes, aunque no osaron
anularlo, fueron conformando unas normativas que hacían prácticamente imposible
su aplicación.
Se dictaminó que para verificarse
el adulterio debían haber cuatro testigos presenciales, tal y como dice el Qur’án
(24: 3) que debían hallar a la pareja en el acto. Ninguno de esos cuatro
testigos debían pertenecer a la familia de los encausados, con lo cual en una
pequeña comunidad ya es casi imposible que se encuentren... Por si fuera poco,
dictaminaron que esos testigos debían pasar un hilo entre los amantes para
verificar sin género de dudas que la penetración había sido consumada. Con estas
premisas, y otras semejantes, es prácticamente imposible que el adulterio sea
verificado. Así lo han entendido los tradicionalistas, que han conformado la ley
al rechazo de la lapidación que nuestro amado Profeta —que la paz de Al-lâh y Su
salat sean sobre él— expresó claramente.
La posibilidad de la lapidación ha
quedado, sin embargo, en los tratados de jurisprudencia como una posibilidad
teórica, producto del Iytihâd realizado por ‘Umar ibn al-Jattab. Es sin duda el
peso de este nombre lo que hace que no se haya anulado definitivamente. Es
curioso que no tengamos noticias de lapidaciones a lo largo de la historia del
Islam, y que sea justo ahora, en el año 1422 después de la hégira cuando nos
veamos enfrentados a estos casos.
Conocemos el caso de Sofiyah
Husseini tan sólo por la prensa occidental. Ella ha tenido un niño y ha acusado
a un hombre de haberla violado. Se nos dice que esa mujer ha sido condenada por
no haber encontrado cuatro testigos que corroborasen la violación, que al acudir
al tribunal ha confesado su delito. Pero en ningún caso se puede confundir una
acusación de violación con una confesión de zina. Si esto es así, la dificultad
que Al-lâh ha previsto para corroborar el delito de zina se habría vuelto en su
contra. La dificultad para verificar el adulterio se vuelve dificultad para
negarlo. Os pedimos humildemente que reflexionéis sobre lo que esto significa.
Vuestra sentencia equivale a invertir el sentido de las palabras de Al-lâh: unas
normas dictadas para asegurar la protección de los seres humanos son puestas del
revés.
Te estamos escribiendo desde un
pueblecito de al-Andalus, donde tratamos de difundir el Islam en castellano, con
el permiso de Al-lâh. Somos musulmanes nuevos, conversos provenientes del
cristianismo o del agnosticismo. Todos los días tenemos que escuchar como se
demoniza al Islam con vuestra ayuda, como se nos tilda de bárbaros y de no tener
misericordia ni siquiera para con nuestros propios hermanos. Los medios de
comunicación escupen día tras día sus mentiras, y debemos ser conscientes de lo
que se nos anuncia... ¿acaso no os dais cuenta de que lo que está sucediendo es
la preparación de un genocidio? ¿Acaso queréis contribuir a ello?
Vivimos en un mundo globalizado,
abierto. Vuestras decisiones afectan al resto de la ummah, y no podéis permitir
que sean usadas para perseguir al Islam. Estáis ayudando al kufr con vuestra
aplicación de una lectura completamente anómala de la sharî’a. Ponéis en peligro
la propia continuidad del Islam en muchísimos países, justificando ante los ojos
del mundo la persecución de los musulmanes. No hay nada que justifique mantener
la lapidación, más que un ejercicio de poder que no se corresponde con la
verdadera función de un juez, que es la de restablecer una armonía rota en una
comunidad concreta.
¿Qué podemos ofrecerles a nuestros
amigos de la Argentina, o de toda Sudamérica, que están mirando hacia el Islam
como una alternativa para escapar a un sistema de valores despiadado? ¿Acaso no
estamos actuando con la misma violencia que esos organismos internacionales (si
bien en una escala reducida)? ¿Cuál es la diferencia entre ellos y nosotros?
Tenemos que demostrar al mundo que el Rahmân está de nuestro lado, que la piedad
es una obligación sin la cual el Islam desaparece. Vosotros decís que aplicáis
la ley de Al-lâh, pero ¿acaso no sabéis que “Al-lâh se ha aplicado a Sí Mismo la
Misericordia como Ley”? ¿No conocéis el Qur’án? ¿Cuál es, si no, la fuente de
vuestras decisiones?
Debemos entre todos asumir el
esfuerzo de ofrecer al mundo una alternativa a la barbarie que se ha
institucionalizado, al mundo de la usura, de la depredación y la rapiña. Sabemos
que en Nigeria estáis siendo sometidos a una expoliación constante de los
recursos, que la Shell ha extraído miles de barriles de petróleo dejando sólo
contaminación y muerte para los habitantes de Nigeria. Sabemos que vuestra
situación es difícil y hacemos du’a para que Al-lâh os dé la fortaleza necesaria
y el discernimiento para que el Islam fructifique en vuestra tierra.
Desde occidente miramos hacia
vosotros con la esperanza puesta en la liberación de las naciones. Por eso nos
alegramos de que recuperéis el Islam como modo de vida, un sistema de valores
ajeno a la depredación del mundo, en el cual el hombre tiene una posibilidad de
desarrollarse como hombre y no como consumidor o fuerza de trabajo, y adorar a
Al-lâh en todas sus acciones. Tenéis la posibilidad inmensa de construir una
sociedad islámica, pero para ello debéis ser prudentes, sabios, generosos,
misericordiosos. No existe Islam sin las virtudes que adornaban al Profeta —que
la paz de Al-lâh, y Su salat, estén con él.
Por todo ello os pedimos que
reflexionéis y apliquéis esos principios a vuestras decisiones, os pedimos que
perdonéis a Sofya Husseini, una mujer maltratada y que ahora el Islam debiera
socorrer en su indigencia.
Que la paz de Al-lâh sea contigo,
y su Misericordia os ayude en la tarea de hacer del Islam ese camino de luz que
Al-lâh ha querido para el hombre.
|