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Si realizamos el recuento de las noticias sobre “lo que vendrá”, nos damos
cuenta de que todas apuntan en una doble dirección: la justificación del estado
de terror israelí y la ‘invasión’ de Oriente Medio por parte de la maquinaria
militar americana. El tema está servido y nos sentimos a las puertas de una
nueva dimensión del belicismo que puede poner a las claras de una vez por todas
a todos los ingenuos quiénes fueron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial:
los fabricantes de armamentos, que es como decir los fabricantes de guerras.
Siendo así, es lícito que nos preguntemos ¿Quién está verdaderamente detrás de
estos atentados?
En un artículo aparecido en La
Jornada, México, 12 de septiembre, Guillermo Almería escribe:
“¿Se acuerdan, por ejemplo, del incendio del Reichstag, atribuido por los nazis
a los comunistas y realizado por ellos mismos para justificar una política
represiva? ¿Recuerdan la voladura del acorazado estadounidense Maine en la bahía
de La Habana, atribuido por Washington a los españoles para justificar la guerra
de Cuba con las decenas de cadáveres de la tripulación, pero realizada en
realidad por la misma Marina estadounidense, para la cual la muerte de sus
marineros era sólo un costo de la operación bélica provocada? ¿Se acuerdan de
Pearl Harbor, cuando la aviación japonesa hundió en el puerto, impreparada, la
flota de guerra estadounidense del Pacífico, con miles de muertos, en un ataque
ya anunciado a Washington y que el presidente Roosevelt dejó realizar para
precipitar en la guerra a un país que era pacifista y no la quería?”
Este no es el único periodista
libre que ha ejercido su derecho a cuestionar una versión oficial fácilmente
fabricable. Las dudas están justificadas: pensemos por un momento en la
posibilidad de que hayan sido los propios norteamericanos. En este caso la
jugada habría sido múltiple:
¿Quiénes resultan favorecidos por el horror?
El poderoso lobby del armamento está de enhorabuena, pues tiene ocasión de
guerras para rato. Han conseguido definir un “enemigo invisible” que puede
servirles de coartada para múltiples acciones. Es comprensible que ese enemigo
acabe tomando innumerables rostros. Se trata de rostros con barba, que se
esconden en diversos países.. Se ha hablado ya de Siria, de Sudán, de Libia, de
Irán, de Afganistán, del Líbano, de Yemen..., no se sabe hasta dónde pueden
encontrarse vínculos con esa “trama terrorista”. Incluso los aliados
norteamericanos son sospechosos de albergar y fomentar asociaciones islámicas
‘peligrosas’: se habla de conexiones en Pakistán, en Egipto, en Jordania y en
Arabia Saudí. Se habla también de las tramas integristas dentro de los países
europeos. Nos preguntamos si nosotros mismos no seremos sospechosos.
Lo que se está planteando es un
genocidio y una caza de brujas, y lo que se pide es ser lo más despiadados
posibles “contra la bestia islámica”, en un lenguaje que recuerda al de las
cruzadas... y eso es lo que viene. Pero sólo Al-lâh sabe.
Los sionistas están de
enhorabuena, pues ya nadie osará criticar los crímenes que cometen a diario. Es
posible que veamos aparecer nuevas leyes contra la “apología del terrorismo”,
contra el ‘revisionismo’ y que muchos de nosotros acabemos en la cárcel por el
simple hecho de poner en duda la legitimidad de un estado que aplica el
terrorismo sistemático de un modo abierto. En esa dirección, las declaraciones
de Shimón Peres ofreciendo su apoyo a los EEUU para acabar con el terrorismo “en
todos los países que lo cobijan” nos hacen temblar, nos sitúan ante una escalada
bélica sin precedentes, más allá de todo lo imaginable.
Recordemos que la semana anterior
a los atentados, en la Conferencia contra el Racismo de Durban, Sudáfrica, se
estuvo a punto de declarar internacionalmente a Israel como estado que practica
el apartheid. La declaración se vio frustrada por la intervención de los
representantes de la Unión Europea, travestidos de diplomáticos israelíes. Todo
eso, la experiencia de muchos años de “operaciones encubiertas” llevadas a cabo
por el estado sionista, ha llevado a más de uno a sospechar que detrás de lo
ocurrido en New York y Washington se encuentra la mano del Mossad, de un
sionismo que controla a medio mundo y que sólo encuentra al Islam como enemigo.
Las grandes corporaciones están de
enhorabuena: se abre la veda para la depredación y la rapiña, para el más allá
de la depredación y la rapiña. Nadie va ahora a discutir los métodos. Se
anuncian cierres de ONGs y otros organismos internacionales.
El atentado se sitúa en un momento
muy delicado para la economía norteamericana, que se veía enfrentada al Euro y a
la petición del pago de aranceles internacionales. Todos los analistas
económicos anunciaban un periodo de recesión que las autoridades norteamericanas
han podido cortar de un solo golpe. Ahora nos vemos abocados al capitalismo más
despiadado, a un sistema que hará del mundo un campo de trabajo global, en el
cual una minoría se ha apoderado de todos los recursos.
Pensemos en los nombres de los
países que la prensa ha mencionado, pensemos en la frase recientemente
pronunciada. ¿Cuáles son los recursos cuyo control se les escapa? El petróleo, y
los grandes gaseoductos. Hacia allí apuntan los analistas de la OTAN. Existe una
cláusula en la legislación norteamericana que da ‘derechos’ al senado a
autorizar la ‘incautación’ de bienes ajenos cuando la supervivencia nacional se
vea amenazada. Puede parecer increíble, pero algunos ya han insinuado que podría
aplicarse dicha cláusula para apoderarse del petróleo, única gran fuente de
ingresos que todavía no dominan, al menos a su antojo.
La ultraderecha racista
anglosajona está de enhorabuena, pues tiene una buena excusa para cerrar aún más
las fronteras del país, incluso para realizar expulsiones masivas. El auge de
los hispanos, que amenaza la hegemonía anglosajona, puede verse frenado. Pero lo
que verdaderamente les preocupa es el auge del Islam entre los inmigrantes de
Sudamérica, entre los negros y la misma población americana. Casi como un signo,
el mismo día del atentado fueron cerradas las fronteras del país por primera vez
en todo la historia de los EEUU.
Teniendo en cuenta lo dicho,
muchos piensan que lo sucedido fue un “golpe de estado” dado por las tendencias
ultranacionalistas..., pero todo esto son, por supuesto, meras suposiciones. Lo
que en todo caso debe quedar claro para todos es que aún en el caso de que los
autores sean musulmanes, ésto no justifica en absoluto una operación
‘monumental’ como la que el presidente Bush ha anunciado.
Aún en el caso de que no sean los
poderes apuntados los autores o instigadores de los atentados, serán ellos los
que se beneficien. Ellos son grandes especialistas en sacar partido de todas las
desgracias. De hecho, el propio estado israelí nace de la “apropiación
indebida”, y se establece sobre los millones de víctimas del sistema de los
lager, una apropiación que siguen rentabilizando para acallar a la opinión
pública. La lógica de estos sucesos es pura y simplemente idéntica a la hasta
ahora practicada por todos los poderes. No nos extrañemos: se trata del propio
modo de ser del capitalismo, desde sus orígenes coloniales hasta su desarrollo
‘parlamentario’.
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